Todo lo del organizador, fácil: saber quién juega, salidas y grupos, emparejado automático, cualquier campo del mundo, hándicaps al día, las cuentas de la pool y hasta un asesor con IA.
Preguntas qué día se juega y a todos les llega el aviso. Cada uno contesta de un toque —voy, aún no sé, no voy— y la lista la ve el grupo entero. Al cerrarla, los que dijeron que sí ya están puestos en el torneo.

Montas el torneo en tres toques: eliges jugadores, la app arma las salidas y los grupos, y cada uno con su hándicap listo. Sin líos de última hora.

Cuatro maneras, y ninguna obligatoria: por hándicap (cada uno con los de su nivel), por el último torneo (los primeros del último día, juntos), mezclar (para que no te toquen siempre los mismos) o sorteo al azar. Se rehace de un toque hasta que os cuadre, y si alguien tiene que ir con otro grupo, lo cambias a mano. Los invitados de fuera de la pool entran igual que el resto.

Busca vuestro campo en una base de más de 30.000, con sus barras y el índice de cada hoyo, y la app reparte los golpes sola. ¿No sale el vuestro? Le haces una foto a la tarjeta y la app lo importa en un momento. Con o sin slope, lo decidís cada vuelta.

Un cuaderno de ingresos y gastos —cuotas, premios, material, birras— con el saldo a la vista de todos. Lo apunta quien organiza y lo consulta cualquiera desde el menú, así que se acabó el “quién puso qué” y el sobre arrugado del bar.

Lo más nuevo: en vez de pelearte con mil ajustes, le cuentas al asesor cómo jugáis y te deja la pool configurada —apuestas, mesa, piques, dinero—. Tú solo confirmas.
Monta tu pool y deja que la app —o el asesor— haga el trabajo aburrido.